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ELOGIO DE LAS LÁGRIMAS

 

Hasta no hace tanto, nuestra sociedad despreciaba las lágrimas. En unos casos, las escondía; en otros, consideraba su deber identificar a los culpables que las causaban para castigarlos y acabar con la injusticia; en otros, en fin, usaba de las lágrimas televisivas para aumentar audiencias y anunciantes.

En los tiempos extraños que corren, apenas sin hacer ruido, las lágrimas han empezado a recuperar su verdadero sentido. Y lo han hecho en la intimidad, revelándose como un don y una gracia a quienes lloran.

Tal vez por eso, aquellos que no son capaces de llorar continúan entendiendo su existencia e interpretando los acontecimientos penosos de estas jornadas con la mera razón. De hecho, se aportan infinidad de datos, se buscan certezas que expliquen lo que sucede, se intenta controlar las emociones, se gastan energías en mil y una tareas que den la sensación de tener todo bajo control…

El don de las lágrimas, por su parte, tiene la rara capacidad de poner un filtro al pensamiento para dejarlo en suspenso a la hora de acoger la realidad. En su aparente «renunciar a saber», en el abandono y pasividad de la mente, las lágrimas que brotan de los padecimientos preservan de «la tentación de entregarse a la desesperanza y a la seducción de replegarse sobre uno mismo», hasta caer inevitablemente «en el puro nihilismo».

Sin embargo, cuando las lágrimas llegan, muchas veces con dificultad porque «la desgracia amenaza con provocar la aniquilación y dejarle a uno fijado en un dolor indecible», se convierten en «un signo mudo de esperanza» que da acceso al lugar secreto y misterioso «de donde proviene toda vida». La única Vida.

 

[Portada del libro Tratado de las lágrimas, de la filósofa judía Catherine Chalier. Los textos entrecomillados pertenecen a esta obra. Debajo, fotografía de la autora.]


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ELOGIO DE LA SERENIDAD

 

No dejan de causar sorpresa ‒y hasta cierta envidia‒ las personas que mantienen la calma en los momentos de dificultad. Y sorprende aún más que sean capaces de no refugiarse en sí mismas, sino que conservan la alegría y ayudan a no olvidarse de lo importante a lo largo de la jornada.

Una de estas personas escribió para sí un decálogo que recitaba al levantarse. Bastaría con cumplir alguno de estos diez propósitos para no perder el buen ánimo. Dice así:

1. Solo por hoy trataré de vivir exclusivamente al día, sin querer resolver los problemas de mi vida todos de una vez.

2. Solo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé criticar o disciplinar a nadie, sino a mí mismo.

3. Solo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no solo en el otro mundo, sino también en este.

4. Solo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que todas ellas se adapten todas a mis deseos.

5. Solo por hoy dedicaré diez minutos a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del espíritu.

6. Solo por hoy realizaré una buena acción y no se lo diré a nadie.

7. Solo por hoy haré por lo menos una cosa que no me apetece hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

8. Solo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no llegue a cumplirlo del todo, pero lo pondré por escrito. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9. Solo por hoy creeré firmemente –aunque las circunstancias demuestren lo contrario– que la buena Providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.

10. Solo por hoy no tendré temores. De manera particular, no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

 

[Portada del libro de José Luis Martín DescalzoRazones para iluminar la enfermedad. En él se contiene este decálogo de Juan XXIII, cuya foto aparece debajo.]


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LA BELLEZA DEL SONIDO EN CUANTO MÚSICA

Allá por el siglo VI a.C., el genial Pitágoras habló de la armonía que rige el universo. Desde los planetas y sus órbitas hasta las palabras medidas de una frase homérica, todo participa a su modo de la música que alienta lo real.

Cuando Kant fragmentó la razón para intentar comprender cuanto existe, colocó la música bajo el dominio de la razón estética. Así la música dejaba de ser el líquido amniótico que rodeaba, protegía y alimentaba a todos seres, según pensaba la filosofía antigua.

Tal vez por ello, cada sonido que puebla nuestro mundo conserva la nostalgia de esa música primordial que no ha dejado de latir.

Y quizá por ello, quienes pretenden controlar la música reduciéndola al conocimiento de las leyes del tono, la intensidad y el timbre olvidan que su misterio tiene mucho más que ver con la armonía que comparten los seres.

De hecho, supone un empobrecimiento que la sociedad moderna la considere una de las varias artes que educan el gusto estético refinado; y más, si cabe, entenderla como un producto industrial que se destina al consumo de las masas y que sirve para ambientar la inmensa mayoría de los lugares en los que se realiza alguna actividad humana.

Si la música terminara convirtiéndose en un elemento puramente instrumental y decorativo, estaría poniendo de manifiesto la disgregación que amenaza a la gran familia humana, donde cada individuo se basta a sí mismo y aspira a vivir sin necesitar de los demás. En otras palabras, es como si cualquier vibración pudiera convertirse en música sin necesidad de buscar la armonía con otros sonidos.

[Fotografía de Gunnar Hindrichs, autor de La autonomía del sonido, recientemente publicado. Debajo, representación de un antiguo «árbol de duraciones».]


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LA BUENA MUERTE

 

Ningún ser humano desea morir. Pero si se plantea una decisión tan extrema, las razones que lo empujan suelen ser el miedo a un dolor insoportable, a la limitación extrema o a la soledad insuperable; otras son el sentimiento de no ser ya útil, de causar molestias a los seres queridos o incluso el rechazo social por convertirse en una carga sanitaria, asistencial y económica.

Ningún Estado es propietario de los ciudadanos que lo integran. No tiene derecho a disponer de su vida ni menos aún a empujarlos a que se la quiten.

A este respecto, resultan iluminadoras las palabras de François Mitterrand a Marie de Hennezel, defensora y divulgadora de los cuidados paliativos. Ante la posibilidad de aprobar una ley que despenalizara la eutanasia en su nación, el que fuera presidente de la República Francesa, secretario general del Partido socialista y uno de los líderes más respetados de la Unión Europea exclamó: «¡No he abolido la pena de muerte para volver a introducirla bajo otro ropaje! ¡En un país democrático, una ley no puede consagrar un derecho como este! Mientras viva me opondré a que se cruce esta línea roja. ¡Es algo muy grave! No vamos a otorgarle legalmente a una profesión [la médica] el derecho a administrar la muerte» (Nous voulons tous mourir dans la dignité, Paris 2013, 38).

Nadie duda de que hoy es posible morir en mejores condiciones que en el pasado. Sorprende por ello que no se promueva en la sociedad el debate sobre el valor incondicionado de cada persona y sobre el desarrollo de los cuidados paliativos al final de la existencia. Ningún beneficio económico, ninguna ideología de moda, ningún cálculo social puede justificar no hacerse cargo del paciente, es decir, escucharle, atenderle y acompañarle humanamente, como un bien que ha de ser salvaguardado.

Porque cuando una sociedad cruza la frontera de la eutanasia, todos (y si se es pobre, mayor aún es la amenaza) terminamos, antes o después, siendo prescindibles.

[Portada de Eutanasia. Lo que el decorado esconde, obra recientemente publicada por Ediciones Sígueme. Debajo, fotografía de algunos de los autores, todos ellos profesionales de la medicina y los cuidados paliativos: Timothy Devos, An Haekens, Catherine Dopchie, Willem Lemmens…]


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CATÁLOGO 2020

 

Desde la primera semana de febrero está disponible el nuevo catálogo en papel de Ediciones Sígueme.

Más de medio centenar de obras, con idéntica vocación de permanencia, se suman en esta nueva entrega a los títulos ya clásicos.

El nuevo catálogo reúne entre sus páginas cerca de seiscientos cincuenta títulos y casi cuatrocientos autores de todas las latitudes y lenguas cultas, tanto modernas como clásicas.

Biblia, teología, filosofía, humanidades y espiritualidad son las áreas de conocimiento en las que se inscriben la mayoría de las obras. Todas ellas indagan desde perspectivas diversas sobre las cuestiones de fondo que se han formulado a lo largo del tiempo y se siguen planteando hoy las distintas generaciones de lectores.

Es cierto que ningún libro puede ofrecer soluciones definitivas e indiscutibles, pero sí al menos mantener el deseo de encontrar aquella senda segura que permita alcanzar las puertas tras las que se extiende el misterio de la existencia.

Nada ni nadie está vetado en el catálogo de Ediciones Sígueme. Solo se precisa la humildad intelectual que busca lo real y lo verdadero, lo humano y lo bello, lo recto y lo bueno. Y, sobre todo, que huye de todo artificio y moda.

[Portada del Catálogo 2020 de Ediciones Sígueme. Debajo, logotipo de la editorial.]


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UN LIBRO PARA UN NUEVO AÑO

Comienza un nuevo año, e inevitablemente llaman a la puerta esos proyectos recurrentes que insisten en ser llevados a cabo.

Hasta hace no tanto, cuando los aparatos electrónicos apenas competían en el reparto del tiempo destinado al ocio, un buen número de libros, elegidos de mil y una maneras, aguardaban su turno en el estante para ser leídos.

Nadie que quisiera formarse una opinión rigurosa o pretendiera pensar por sí mismo, nadie que ansiara adentrarse en la complejidad de lo real, nadie que se esforzara por gustar siquiera una mínima parte de la belleza que se revela por sorpresa, podría prescindir de los libros.

Es cierto que no todos son iguales ni tienen el mismo valor; también que en su mayoría apenas dejan huella. Pero no es menos cierto que alguno, cuando menos se espera, hace resonar en el lector cuerdas desconocidas que producen una melodía inolvidable. Libros que hacen inteligible la belleza; libros que despiertan la conciencia y la inclinan al bien; libros, en fin, que no dejan de perseguir la verdad huidiza y sutil que esconde la promesa de dar sentido a esta singular existencia finita como es la humana.

Comienza un nuevo año. Entre los aparatos electrónicos y sus familiares reclamos, sigue siendo posible ‒y hasta deseable‒ interponer un libro que nos permita, en el silencio que impone su lectura, dialogar con nosotros mismos.

 

[Estantes de libros de Ediciones Sígueme donde aparecen las últimas novedades publicadas en las distintas colecciones de la editorial.]


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UN LIBRO PARA REGALAR EN NAVIDAD

 

En contadas ocasiones cruza por nuestro camino un libro que altera el modo de ver la realidad. Una de esas obras hipnóticas que conmociona al lector por su verdad desnuda y simple, y le obliga a tomar partido. Un texto, en fin, que, sin saber muy bien cómo, ofrece la promesa de curar algunas de las heridas que nos autoinfligimos en la conciencia.

Son libros que sabemos, casi nada más abrirlos, que tras su lectura no volveremos a ser los mismos, sino un poco mejores, más humanos, más sensibles al dolor que experimenta quien sufre la injusticia y no tiene medio de defenderse.

En todo caso, es muy probable que no esté en nuestra mano cambiar el mundo; incluso tampoco seremos capaces de restaurar ese mínimo bien que permite a cualquier víctima vivir con la dignidad requerida. Pero al menos tendremos la posibilidad de jurarnos a nosotros mismos, en un instante de lucidez, que no añadiremos un gramo más de mal a nuestro alrededor.

Tal vez por todas estas cosas, Bakhita debería regalarse esta Navidad. Y especialmente a quienes más se quiere. Y sin restricción de edad. Porque nadie es demasiado joven para empezar a entender que en ningún caso, tampoco por omisión, resulta admisible conceder una sola victoria a la perversidad.

 

[Portada del libro Bakhita, recientemente publicado. Debajo, fotografía de Véronique Olmi, autora de la novela.]


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LA NADA Y LA ESPERANZA

 

En algún momento de su existencia, las personas terminan preguntándose sobre la nada.

Quizá por ello los filósofos han formulado, a su modo académico, esta perplejidad: ¿Por qué existe el ser y no la nada?

Y aunque es cierto que han corrido ríos de tinta a lo largo de la historia para tratar de responder a esta pregunta, en absoluto llegan a los esfuerzos que han hecho tantos seres humanos por intentar atisbar más allá del muro infranqueable del vacío que les antecede y que les precede.

De hecho, cada individuo se ha esforzado de mil y un modos, no siempre explícitos, por dar una respuesta mínimamente aceptable a este interrogante.

La poesía, el arte, la ciencia, la filosofía, la técnica visionaria, la medicina, la religión, la mística… son algunas de las formas más o menos aceptables de negarse a la derrota del sinsentido que parece esconder la nada en su oscuro interior.

Porque, además, tras esos años de juventud que parecen no tener fin, termina resultando imposible vivir sin recurrir a alguna esperanza que haga de la vida un canto y no un inexorable camino hacia el olvido eterno.

Tal vez solo una persona de espíritu aristocrático puede mirar sin cinismo el futuro y su propio pasado. Tal vez solo aquel que ha dado la vida puede soñar con los ojos abiertos una vida que no es simple sueño.

[Fotografía de Jean dʼOrmesson, miembro de la Academia francesa y autor de Una historia sobre la nada …y la esperanza, recién publicado. Debajo, Cielo estrellado, que decora la portada del libro.]


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BAKHITA, ALGO MÁS QUE UNA NOVELA

 

Una mujer sin palabras alza la voz contra la esclavitud. También contra la trata de personas, la explotación y el desprecio de los derechos humanos.

Una mujer sin palabras toma en sus manos la causa de los hombres y de las mujeres prescindibles en un mundo hecho a la medida de los triunfadores.

Una mujer sin palabras se convierte, inesperadamente, en signo de esperanza para quienes han sufrido la derrota total incluso antes de comenzar la lucha…

Nada mejor que una novela si se ha de viajar a la cara oculta de esta sociedad. Porque en territorios tan inhóspitos, cuanto merece ser salvado necesita de un relato con la capacidad de abrir los oídos y grabarse en el corazón. Un relato curativo que, al transmitirlo, movilice incluso a quien lo pronuncia y encarne la verdad que lleva dentro. Un relato, en fin, donde la crueldad y el ocultamiento del rostro del otro sean vencidos por algo mucho más eficaz que las armas.

Véronique Olmi, autora de Bakhita, se encontró con los lectores el pasado día 29 de octubre en el Instituto Francés de Barcelona, y el día 30 en la Universidad de Comillas y en la librería Ars Carmelitana, en Madrid.

 

[Imagen que decora la portada de Bakhita, recientemente publicada por Ediciones Sígueme. Debajo, fotografía del encuentro con Véronique Olmi, autora de la novela galardonada con el premio FNAC 2017.]


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CUATRO NOTICIAS SOBRE AUTORES Y LIBROS

 

A finales de junio pasado moría en París el filósofo Jean-Louis Chrétien. Profesor de pensamiento antiguo y medieval en la Universidad de La Sorbona, consagró la existencia a sus alumnos y a la escritura. Hace años, el gran Michel Henry, preguntado por quién era el filósofo francés que más le estaba llamando la atención, citó sin dudarlo a Chrétien y, más en concreto, su libro Lo inolvidable y lo inesperado. Un elogio para pensar.

Los días 9, 10 y 11 de octubre son los reservados por el Liber para celebrar la más importante feria profesional del libro en España. De nuevo Ediciones Sígueme participa en este evento. Su stand, el 7B08; este año en el IFEMA de Madrid.

El martes 15 de octubre, en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, toma posesión de su plaza de número el académico electo Miguel García-Baró. El título de su discurso: La metafísica y la prudencia. Tanto la filosofía como quienes dedican su vida a ella están de enhorabuena.

Finalmente, del 16 al 20 de octubre se celebra en Frankfurt la gran feria mundial del libro. La ciudad alemana se convierte en un magnífico escaparate para las obras recientes escritas en español, al tiempo que brinda la ocasión para descubrir autores, temáticas y obras en otras lenguas que configurarán el pensamiento de los próximos años.

 

[Fotografía de Jean-Louis Chrétien, autor de La mirada del amor y de Lo inolvidable y lo inesperado, títulos publicados en Ediciones Sígueme. Debajo, stand de la editorial en el Liber.]


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