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LA HISTORIA DESCONOCIDA Y OLVIDADA

 

Uno de los grandes peligros de la sociedad digital es la pérdida de la memoria. Y como son las pantallas las que en buena medida intermedian la idea que se hacen las personas del mundo que habitan y del futuro que imaginan, el pasado pierde su relevancia.

No es extraño, pues, que el uso creciente de estas ventanas mágicas dé pie a situaciones casi humorísticas. Así, de tanto en tanto, algunos se presentan como los «descubridores» de teorías que se propusieron siglos atrás; otros defienden con inusitado ardor recetas «revolucionarias», sin saber que ya fueron ensayadas con un alto coste de vidas humanas; otros, incluso, se esfuerzan por alumbrar ocurrencias éticas y estéticas que, probadas en el pasado, terminaron reducidas a cenizas.

Y es que el desconocimiento de la historia conduce tristemente a callejones que no llevan a ninguna parte; o, si se quiere contemplar desde otra perspectiva, la falta de memoria impide ver que esta sociedad transita por una fase de brillante decadencia que anuncia el final de una época.

Conocer la historia de otras épocas y lugares tal vez pueda protegernos de hacer de todo una trágica y cómica «autobiografía», y de considerar la verdadera grandeza del ser humano desde la pobre altura a la que hemos sido capaces de elevarnos.

Ciertamente, quien olvida la historia corre el riego de repetir sus errores y, lo que es más penoso, de quedar satisfecho con sus limitados logros.

 

[Mapa medieval que decora la portada del libro del historiador galés Philip JenkinsLa historia olvidada del cristianismo, recientemente publicado. Debajo, imagen de cubierta de El amor a las letras y el deseo de Dios, del reconocido historiador francés Jean Leclercq.]


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TERAPÉUTICA DE LAS ENFERMEDADES ESPIRITUALES

 

«La salud ‒han afirmado a lo largo de la historia muy distintos pensadores‒ no es nunca fin en sí misma, sino solo la condición para que el hombre alcance su plenitud», tenga esta el significado que cada uno quiera darle.

En una época tan incierta como la que nos toca vivir, tal vez convenga recordar este principio una y otra vez si no queremos ser sepultados por la permanente avalancha de información que anega día tras día la verdad. 

Mas quizá también convenga repetirlo sin descanso ‒que la salud no es fin en sí misma, que la vocación del hombre le lleva siempre más allá‒, para poder alzar la mirada de todo aquello que afecta a la mera supervivencia y al bienestar físico y psicológico, y así poder interrogarse por el sentido del propio existir, que es mucho más que el simple permanecer con vida.

Descubrimos en este punto, con cierta sorpresa, que los hombres y mujeres actuales tal vez de lo que están aquejados es de algún tipo de enfermedad del espíritu supuestamente desaparecida, que impide aquietar la angustia y aprender a vivir desde la gratuidad de la existencia. No en vano, el don que se nos ha concedido al venir a este mundo sólo muestra su eficacia cuando es acogido con una verdadera actitud «espiritual», según el sentido más excelso de esta gastada palabra.

Porque, como refiere el poeta, esta vida alcanza su máxima dignidad y belleza cuando se vive «un poco por encima del suelo… / allí donde los pájaros se inclinan para empezar a volar».

Por supuesto, sin dejar nunca de amar esta tierra tan querida y a quienes cruzan por ella.

 

[Imagen que decora la tercera edición de Terapéutica de las enfermedades espirituales, de Jean Claude Larchet. Debajo, fotografía del poeta citado, Daniel Faria, en su poemario Explicación de los árboles y otros animales.]


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LA BUENA MUERTE
 

Ningún ser humano desea morir. Pero si se plantea una decisión tan extrema, las razones que lo empujan suelen ser el miedo a un dolor insoportable, a la limitación extrema o a la soledad insuperable; otras son el sentimiento de no ser ya útil, de causar molestias a los seres queridos o incluso el rechazo social por convertirse en una carga sanitaria, asistencial y económica.

Ningún Estado es propietario de los ciudadanos que lo integran. No tiene derecho a disponer de su vida ni menos aún a empujarlos a que se la quiten.

A este respecto, resultan iluminadoras las palabras de François Mitterrand a Marie de Hennezel, defensora y divulgadora de los cuidados paliativos. Ante la posibilidad de aprobar una ley que despenalizara la eutanasia en su nación, el que fuera presidente de la República Francesa, secretario general del Partido socialista y uno de los líderes más respetados de la Unión Europea exclamó: «¡No he abolido la pena de muerte para volver a introducirla bajo otro ropaje! ¡En un país democrático, una ley no puede consagrar un derecho como este! Mientras viva me opondré a que se cruce esta línea roja. ¡Es algo muy grave! No vamos a otorgarle legalmente a una profesión [la médica] el derecho a administrar la muerte» (Nous voulons tous mourir dans la dignité, Paris 2013, 38).

Nadie duda de que hoy es posible morir en mejores condiciones que en el pasado. Sorprende por ello que no se promueva en la sociedad el debate sobre el valor incondicionado de cada persona y sobre el desarrollo de los cuidados paliativos al final de la existencia. Ningún beneficio económico, ninguna ideología de moda, ningún cálculo social puede justificar no hacerse cargo del paciente, es decir, escucharle, atenderle y acompañarle humanamente, como un bien que ha de ser salvaguardado.

Porque cuando una sociedad cruza la frontera de la eutanasia, todos (y si se es pobre, mayor aún es la amenaza) terminamos, antes o después, siendo prescindibles.

[Fotografía de algunos de los autores de Eutanasia. Lo que el decorado esconde, todos ellos profesionales de la medicina y los cuidados paliativos: Timothy Devos, An Haekens, Catherine Dopchie, Willem Lemmens…]


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ACTOS DE PRESENCIA

 

La última recomendación de este verano extraño tiene como protagonista una obra de Sylvie Germain, novelista francesa de éxito que además se prodiga en el ensayo divulgativo.

Alumna de Emmanuel Levinas, que dejó en ella una profunda huella, Germain reflexiona en su libro Cuatro actos de presencia sobre la cara oculta de la realidad. No, ciertamente, la cara esotérica y espiritista que en todas las épocas ha tenido legiones de entusiastas de las emociones paranormales; sino la cara que, a pesar de no ser llamativa y parecer incluso vulgar, alimenta como savia nueva la existencia de quienes buscan el sentido de esta vida.

La propuesta de la autora, a todas luces paradójica, no es otra que acoger la revelación que proporciona el sufrimiento, la pérdida, la soledad, el silencio o lo que nos visita inesperadamente y que oculta el verdadero secreto de la vida.

Estos «actos de presencia», estas «visitaciones», exigen excluir cualquier forma de violencia, sea contra uno mismo, contra los demás o incluso contra Dios. Se trata, más radicalmente, de renunciar a creer ingenuamente que está en nuestra mano, en nuestra voluntad y en nuestra inteligencia la solución de todo cuanto irrumpe indeseadamente en nuestra vida, y de permitir que ocupen el primer lugar las lágrimas espontáneas que nos vacían de nuestras falsas fortalezas y dan paso a una fe contra toda esperanza, que se nos revela, sin embargo, como levísimo fulgor de gracia.

Los actos de presencia son auténticos cuando nos empujan con suavidad incontestable a acometer cada jornada como un nuevo comienzo, y siempre en pie, aceptando la intemperie y el desierto con la ingenua tozudez del niño. Porque, en el fondo, es esa constancia obstinada la que permite al niño mantenerse fiel a lo que intuye como verdadero y bueno.

Feliz lectura para este final de verano (o de invierno austral).

 

[Imagen que aparece en la primera portadilla del libro Cuatro actos de presencia, de Sylvie Germain, publicado en 2017. Debajo, fotografía de la autora.]


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RECUERDOS SIBERIANOS PARA SUAVIZAR LA TEMPERATURA

 

«No sé ni quién ni qué fui antes de venir a esta tierra. En ella aparecí en 1875». Así comienza Recuerdos de un misionero en Siberia, obra publicada por entregas en una revista rusa allá por el año 1917. A este libro quiere dedicarse, precisamente, la tercera recomendación del verano.

El motivo de la elección no puede ser más sencillo: se trata de un clásico de la literatura popular rusa apenas conocido, que desborda, con mucho, el ámbito de la espiritualidad.

Cuando ya la sociedad comenzaba a sentir los cambios provocados por la revolución bolchevique, que se acentuarían con el tiempo de forma trágica, estas memorias de un hombre corriente testimonian la gran historia cotidiana que discurre por debajo de las crónicas oficiales. En ella se revela la verdad de tantas vidas, usos y costumbres, relaciones y valores que forman el alma de un pueblo.

Lejos de los órganos de poder, de las élites que determinan la existencia de millones de personas, convertidas apenas en un número en las estadísticas, la vívida memoria de Spiridón permite al lector recorrer las tierras siberianas y asistir a encuentros inesperados: ora con un estudiante terrorista, ora con un asesino que terminaría haciéndose monje; ora con un musulmán de corazón evangélico, con una pecadora arrepentida, con un moldavo parricida o con uno que fue condenado por amar a sus hermanos. Encuentros todos ellos donde la vida se llena de dolor, mas también de esperanza; de crueldad y arrebatos mortíferos, pero también de heroísmos y arrepentimientos insospechados.

En la estela del exitoso Relatos de un peregrino ruso, los Recuerdos de este archimandrita representan un capítulo más de la misteriosa historia de Rusia, así como de la inclasificable naturaleza humana.

Sin duda un clásico para redescubrir este verano (o invierno austral). Feliz lectura.

 

[Peces en sucesión descendente que decoran la portada del libro Recuerdos de un misionero en Siberia, publicado en 2003 dentro de la colección Ichthys. Debajo, pintura del paisajista ruso Isaac Levitan, titulada Eternidad, 1894.]


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LA HERMANDAD DE LAS ABEJAS

El color dominante de los grupos podría ser el ámbar. Por eso tiñe nuestra web en esta segunda recomendación lectora del verano (o del invierno austral).

Para explicar esto, habría que comenzar diciendo que la realidad se suele interpretar a partir de modelos. Y aunque ninguno es perfecto, sirven para percibir rasgos esenciales y para simplificar la complejidad de cuanto nos rodea. Quizá por ello, las abejas y sus colmenas llamen poderosamente la atención de los humanos desde la Edad de Piedra.

Su modo de organizarse, el celo por salvaguardar a toda costa el grupo, la manera misteriosa de comunicarse y de actuar al unísono, por no hablar de la riqueza acumulada en forma de miel y cera, fruto de su laboriosidad, constituyen un modelo que, en cierto grado, ha sido fuente de inspiración para el desarrollo de la civilización humana.

No resulta extraño, pues, que las abejas estén presentes en multitud de relatos de las más variadas épocas y culturas.

Las historias sobre abejas hablan de virtudes y defectos, de herencias y avaricia, de ingenio, solidaridad y heroísmo, de fatiga, constancia y dulzura. Y siempre, siempre, siempre, de las sorprendentes formas que puede adoptar el amor.

Feliz lectura veraniega (o invernal).

 

[Celdilla de cera que decora la cubierta del libro Cuentos de la colmena. Debajo, dos abejas entre la miel.]


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SUGERENCIAS PARA EL VERANO (O EL INVIERNO)

 

En esta época extraña, si algo hay es tiempo. Pero no para evadirse de la realidad; y menos aún para alimentar la desidia, la apatía y la paralizadora acedia. Es ahora cuando los buenos libros pueden venir en nuestra ayuda.

En Ediciones Sígueme no nos resistimos a dejar de recomendar a nuestros lectores y amigos la lectura de un volumen de relatos titulado Cuentos maoríes, que desde su aparición ha tenido muy buena acogida entre el público general.

El escenario mágico donde se suceden las historias son las tierras de Aotearoa, incierto rosario de islas en medio del océano. Al encuentro del lector acuden, sin siquiera pedir permiso, guerreros y gigantes, ogresas y patupaiarehes, brujas, visionarios y hasta espíritus de los antepasados que se tatúan en la piel salvoconductos contra la muerte, sienten la atracción irresistible de la venganza, sufren inconsolablemente de amores o se embarcan en viajes sin retorno para alcanzar el punto exacto donde nacen las auroras boreales.

Y como ningún mundo nos es ajeno a los humanos, también en este mítico Aotearoa teñido de verde jade, el lector puede atreverse a mirar cara a cara sus miedos y deseos ocultos, sin los cuales su ser perdería parte de aquello que le hace único e irrepetible.

Feliz lectura para este extraño verano (o invierno).

[Grabado antiguo, sobre verde jade, de un joven guerrero maorí. Debajo, tatuaje tradicional de aquellas tierras para decorar brazos y piernas.]


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LA NUEVA NORMALIDAD EN EL MUNDO DEL LIBRO

Va a resultar muy complicado poner de nuevo en marcha la industria del libro tras el parón generalizado al que se ha visto abocada por el confinamiento social.

Imprentas, editoriales, distribuidores y librerías, por señalar tan solo algunos de los principales actores de esta actividad económica y cultural, necesitan tiempo para recuperar el pulso.

Sin embargo, nada va a volver a ser como antes. Y no porque no haya deseos ‒o tentaciones‒ según van pasando los días, sino porque muchas de las certezas que la inercia del sector había dado por buenas se van a revelar falsas o, al menos, discutibles.

Parar un mecanismo tan complejo, que forma parte de otro aún más complejo como la sociedad tecnológica y globalizada, tiene sus consecuencias. De entrada, irán desapareciendo algunas empresas; otras deberán ajustarse para preservar su viabilidad; unas pocas, en fin, se fusionarán con vistas a conseguir mayor cuota de mercado, mejor posición y más influencia, si ello aún es posible.

Y como ha pasado en otras situaciones parecidas de crisis, se perderá una parte importante de diversidad, creatividad y libertad de pensamiento; sin olvidar que unos pocos grupos dominantes impondrán lo que es política, social e ideológicamente correcto. De hecho, esto ya sucedió en los años 90 del siglo pasado en el ámbito editorial y, durante este siglo XXI, en el negocio de la distribución y venta por internet.

Entonces, ¿de nada van a servir los proyectos editoriales basados en elevadas convicciones éticas? ¿Acaso deberá reducirse todo a la hoja de resultados? ¿Tendrán la última palabra los superventas, los autores bendecidos por el éxito de masas y los «fabricados» a partir de los gustos de la moda? ¿Serán los «influyentes» de turno quienes descubran a la sociedad el Mediterráneo de la nueva verdad, del nuevo modo de sentir y de actuar y de la nueva belleza?

Si la nueva normalidad en el mundo del libro va a consistir en homologar las convicciones desde lo económico, que con mucha frecuencia va de la mano de lo político, serán más necesarios que nunca los proyectos editoriales que hagan más libres, abiertos, plurales, críticos y solidarios a sus lectores.

[Imagen que decora la portada del libro de Jean dʼOrmessonUna historia sobre la nada…y la esperanza. Debajo, fotografía de Timothy Devos, editor del libro Eutanasia: Lo que el decorado esconde, ambas obras publicadas recientemente en Ediciones Sígueme.]


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DIECIOCHO RECOMENDACIONES PARA UNA FERIA VIRTUAL

Durante esta semana ofrecemos las recomendaciones que han hecho varios amigos, autores y colaboradores de la Editorial para celebrar la Feria del libro de Madrid, símbolo de todas las ferias populares del libro que tienen lugar cada año durante la primavera y el verano.

El Día del libro, celebrado el 23 de abril, marca la fecha anual para que los libros salgan a la calle y reivindiquen entre el gran público su importancia en la sociedad. Sin libros se empobrece el espíritu crítico de los ciudadanos; sin libros la educación se encierra en el automatismo frío e individual de la virtualidad; sin libros las pantallas ocupan el lugar preponderante en el ocio, hasta el punto de promover cierta pasividad e impedir que alcemos los ojos a territorios inexplorados.

Durante esta semana permanecen estas dieciocho recomendaciones, que dicen mucho de los libros que seleccionamos en Sígueme tantas veces contra corriente. Los libros son espacio de libertad. Y sin adentrarse en ella, resulta imposible vivir con los ojos críticamente abiertos.

–Bakhita, recomendado por Rita Rodríguez [aquí]
–Totalidad e infinito, recomendado por Miguel García-Baró [aquí]
–Ejercicios de contemplación, recomendado por Pablo d'Ors [aquí]
–Explicación de los árboles y de otros animales, recomendado por Álvaro Valverde [aquí]
–Cuando Dios habló en griego, recomendado por Santiago Guijarro [aquí]
–Cuentos de los sabios de la India, recomendado por Mercedes Huarte [aquí]
–Textos breves de Husserl, recomendado por Antonio Zirión [aquí]
–El mal, recomendado por Alberto de Mingo [aquí]
–Diario de un profesor novato, recomendado por Jorge Sans Vila [aquí]
–Andréi Rubliov, recomendado por Manuel Abella [aquí]
–Introducción al cristianismo, recomendado por Mari Carmen Triana [aquí]
–El amor a las letras y el deseo de Dios, recomendado por Eduardo Otero Pereira [aquí]
–El mamífero agraciado por Dios, recomendado por Ángel Cordovilla [aquí]
–Hora prima, recomendado por Montse Ortega [aquí]
–El diario de la felicidad, recomendado por Francisco José López [aquí]
–Eutanasia, recomendado por Antonio Monsech [aquí]
–La Biblia de principio a fin, recomendado por Óscar Lilao [aquí]
–Pasajes escogidos de la correspondencia con los amigos, de Gógol, recomendado por Pablo Andrés Escapa [aquí]

[Descuentos especiales. Durante esta semana, hasta el domingo 21 de junio incluido, mantenemos las condiciones para las compras a través de nuestra página www.sigueme.es. Para España: 10% y envío gratuito. Para cualquier otro lugar del mundo: 10% en el precio del libro y 10% en el envío. Como nuestra página no aplica el descuento automáticamente, una vez realizado el pago se devolverá a cada cliente y por el mismo medio (tarjeta de crédito o PayPal) el descuento correspondiente.]


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ESA EXTRAÑA MANERA QUE TIENE DIOS DE ACTUAR EN EL MUNDO

Algunas preguntas fundamentales pueden permanecer dormidas durante mucho tiempo, hasta que una vivencia o una situación las despierta. Entonces se presentan con una urgencia y una viveza que las hace, en cierto modo, nuevas.

Una de esas cuestiones es cómo interviene Dios en nuestras vidas y en la historia: ¿se preocupa por lo que nos pasa o, por el contrario, permanece distante, dejándonos a nosotros las riendas de la historia?

Para los creyentes en general, y de forma especial para los cristianos, tratar de responder a esta pregunta se vuelve una necesidad. Unas veces, porque se toma conciencia de la propia vulnerabilidad y la de los seres queridos; otras, porque los proyectos más amados terminan desvaneciéndose en la monotonía de los días; otras más, porque ante el triunfo de las injusticias se constata la imposibilidad de hacer algo; o porque los poderosos, al igual que siempre, imponen un determinado modo de vida, unas ideas que defender y unos valores que seguir.

Pero es en este horizonte y en esta historia donde Dios, a su modo, sigue actuando. Y no solo como autor de la existencia y como juez cuando esta acabe, sino como presencia providente. Nada transforma tanto la historia de los individuos particulares como aquellos momentos de gracia en los que cambia imperceptiblemente la perspectiva, en los que se reconoce, mucho tiempo después, que un suceso, una persona o una decisión variaron su manera de estar en este mundo.

¿O acaso no es este el verdadero cambio al que la inmensa mayoría de los seres humanos se resiste con uñas y dientes? ¿O no es ese milagro el que, si bien la razón jamás lo considerará como tal, confirma la certeza íntima de haber sido visitado por la misericordia nunca merecida?

Es entonces cuando la historia, que aparentemente sigue siendo igual, se descubre del todo distinta.

[Imagen que decora la cubierta de El hábito de ser, donde se recoge la correspondencia de la literata norteamericana Flannery OʼConnor. Sobre el modo de intervenir Dios, puede leerse Cómo actúa Dios en el mundo, del teólogo alemán Christoph Böttigheimer (foto inferior).]


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