En contra de lo que pudiera pensarse, vivimos más una época premetafísica que postmetafísica.
Una simple mirada a la sociedad occidental revela el retorno a épocas prerracionales. Se tiene la impresión de que el hombre contemporáneo se hubiera asomado al abismo de sus conquistas técnicas, económicas y morales, y hubiera experimentado el miedo más profundo a la libertad.
Cuando, en apariencia, el mundo está en manos de los individuos, el poder del más fuerte, de más adaptado, del más demagogo, del menos escrupuloso, eclipsa a la comunidad e impone sus deseos irrefrenablemente sobre la masa. Ya no hay hombres libres, sino siervos de una nueva gleba que tienen reducido el territorio y los movimientos (salvo los virtuales), que deben rendir pleitesía a los señores de turno y obedecer sus imposiciones.
Pues bien, frente a los principios de autoridad, la resposabilidad y el compromiso de pensar lo último, es decir, aquellos temas esenciales que abren el horizonte y engrandecen al ser humano porque lo invitan al ejercicio siempre solidario de su libertad de ser.
Sin metafísica, el sueño de la razón volverá a producir nuevos monstruos.
[Fotografía de Mariano Álvarez, profesor emérito de filosofía de la Universidad de Salamanca, que el 15 de mayo recibe el homenaje de sus compañeros y amigos con la presentación del libro dirigido por María del Carmen Paredes, «Metafísica y experiencia»]