A pocos expertos se les oculta que el optimismo de la segunda mitad del siglo XX para elaborar una historia rigurosa del antiguo Israel ha dado paso al escepticismo actual. Y sin embargo, nadie es capaz de negar la importancia y hasta la necesidad de afrontar este reto.
Las grandes síntesis de historiadores como Martin Noth, John Bright, Siegfried Herrmann o Roland de Vaux se fundaban sobre todo en la crítica literaria de la Biblia, en la arqueología o en el estudio de las instituciones. Ciertamente, eran rigurosos con los métodos históricos, pero los esquemas bíblicos de su tiempo y la preocupación por iluminar el contexto de los diferentes pasajes para comprender su teología condicionaba en gran medida la interpretación histórica de las fases y los acontecimientos del antiguo Israel.
Por otra parte, y puesto que cada generación no puede desentenderse de fundar y elaborar un relato histórico con el rigor que la historiografía de su tiempo ha alcanzado, la historia de Israel sigue siendo un ámbito de investigación obligado para comprender adecuada y correctamente tanto el judaísmo como el cristianismo actuales.
Es en este punto donde debe evitarse todo maximalismo histórico respecto de las fuentes, y más en concreto de la Biblia, bien excluyéndola del todo, bien aceptando su información sin apenas crítica.
¿Y si hoy se planteara la historia del Israel integrando todos los logros alcanzados por lo mejor de la investigación pasada con el nuevo conocimiento adquirido del entorno social y los esquemas interpretativos que los antiguos israelitas ofrecieron de su historia? Tal vez sea esta una buena forma de comenzar a responder los interrogantes que las grandes síntesis del siglo pasado no lograron de forma satisfactoria. Pero también de asumir en la actual forma de hacer historia lo religioso, ya que eminentemente religiosas son las experiencias fundamentales de Israel (pueblo que se considera a sí mismo elegido por Dios en la historia) y su literatura (Biblia).
Este es el único camino para alcanzar una hermenéutica no partidista, desprejuiciada y a la altura de la ciencia histórica más rigurosa y respetuosa con la verdad.
[Fotografía del profesor Reiner Kessler, autor del libro «Historial social del antiguo Israel». Restos arqueológicos en Cafarnaún y entrada a la ciudad de Dan.]